Anormalidad

Dentro de la sociedad existen las personas que siempre se comportan dentro de las normas, que a pesar de los límites establecidos jamás se ven en la necesidad de traspasarlos y ni siquiera acercarse a ellos. Pero hay otras personas que siempre están en modo “anárquico”, quienes están en contra del sistema, del Estado, de las leyes, de las normas, y jamás hacen caso a alguna orden. Son aquellos que se salen de lo “normal” los que mantienen el equilibrio en la sociedad. Pero siempre hay exageraciones. Hasta en las excepciones hay gente que se va a los extremos.

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Saúl era un joven de 23 años. Se creía fuera de las normas. Siempre se quejaba del porqué tenía que obedecer a todo lo que le decían, del porqué tenía que ir a la escuela a aprender lo que no quería, y lo que no usaría jamás, a comportarse como la sociedad quería, y lo que pensaba era que “todo estaba podrido” (una frase que había escuchado en Death Note y que le había gustado mucho). La vida estaba podrida. De alguna manera siempre encontraba el modo de salirse de la norma y desafiar las reglas del lugar donde estaba.
Primero comenzó conociendo algunas cosas. Supo que los hombres que no iban a la escuela no era precisamente porque prefirieran la no-educación, sino que su elección era educarse en los barrios bajos, como la vieja escuela, en las zonas donde nacieron y donde crecieron, así que lo primero que hizo fue dejar de asistir a la escuela.
Después se enteró que en la sociedad estaba mal visto ser parte de las organizaciones que producían, traficaban y vendían sustancias ilegales, así que se unió a una banda de narcotraficantes que tenían su “punto de venta” cerca de su casa y allí estuvo por dos años, hasta que tuvo un error y los de la banda lo golpearon y le dijeron que no volviera jamás; que si lo hacía, lo matarían. Y por supuesto, no regresó.
Continuó haciendo cosas que los demás veían mal. Se dejó de bañar, de lavar las manos cada vez que entraba y salía del baño, dejó de decir las palabras “gracias” y “por favor”, no le importaba golpear a las personas, se metía en las filas, dejó de usar su celular y eliminó todas las cuentas que había abierto en todas las redes sociales. Era como si un nuevo ermitaño hubiera surgido a partir de su pensamiento.
Pero todo empeoró cuando vio los Juegos Paralímpicos. Se dio cuenta que, a pesar de que tratan de incluir a las personas con capacidades diferentes a la sociedad, los apartan, es como una doble vía, una manera contradictoria de actuar, una doble moral. Lo que decidió hacer fue cortarse una pierna y un brazo.
Se encerró en el baño, se sentó en la tina, se colocó un torniquete en ambas extremidades, tomó una navaja y un cuchillo y comenzó a cortar su piel. La sangre manaba a chorros dentro de la bañera y no cesaba. Limpiaba sus extremidades cuando la navaja resbalaba de sus dedos, y cuando lograba mantenerla firme, continuaba.
Al final no tuvo más remedio que depender de los demás para seguir sobreviviendo. Al final todos permanecemos bajo la sombra de la sociedad y volvemos a situarnos en la cadena de la falsedad. Al final, aunque queramos salirnos del molde de ser humano, seguiremos siéndolo hasta morir, y aún muertos seguiremos siendo parte del mundo.
Ahora Saúl se toma fotos con su iPhone y las sube en instagram. Se pone feliz cuando varios le dan “me gusta” y las comentan.

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