La Práctica Hace Al Maestro


De alguna manera todos sabemos que cuando nos dejan hacer un trabajo en la escuela, NO debemos hacerlo con personas conocidas. Pero siempre hay quienes no hacen caso de las normas y permiten que esas personas aparezcan en aquellas situaciones, entorpeciendo, afectando el trabajo. Por eso ponemos de evidencia este primer relato que, si bien es más del tipo “chisme”, también nos ayudará a que sepamos apartar lo laboral (o educativo) de la vida cotidiana. (Pero sépase que no siempre es así, ya que si estudiamos para ejercer una profesión, es lógico que estaremos permeados para comportarnos de acuerdo a ella, sólo es un recordatorio para saber separar lo que hacemos).
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Paola era una chica muy divertida. Además, era una de esas chicas que siempre cumplía con la tarea, que siempre hacía lo que le decían los maestros, que siempre preguntaba si tenía alguna duda, que tenía las mejores calificaciones. De esas mujeres que ya no hay. De las pocas mujeres que aún se sientes felices por hacer lo que hacen y sin importarles demasiado la opinión de los demás.

Ella tenía un novio, Jorge, que la acompañaba a cada salón en donde tenía clase, la acompañaba a cualquier lugar (a la biblioteca, a las librerías, a la Cineteca Nacional a disfrutar de las películas de la temporada y de los clásicos, etc…). No había momento en el día en el que Paola estuviera sola.

Para la clase de Laboratorio, el maestro le había dejado de tarea investigar el modo de vida de alguien, cualquier persona: sus costumbres, sus hábitos, su manera de ver la vida. El método sería una entrevista. El lugar podría ser cualquiera. En su mente ya se planeaba quién podría ser su participante: su amigo estilista homosexual. Siempre se preguntó ¿qué fue lo que lo hizo elegir ser homosexual? ¿Cómo lo tomó su familia? ¿Por qué el estereotipo de los estilistas homosexuales?

Paola llegó con su novio a la primera sesión. Para aquella primera entrevista (como ella no tenía los fundamentos para hacerla de una buena manera) sucedió como una plática informal.
Puso su celular encima de la mesa y pulsó el botón para grabar.
-¿Me puedes decir tu nombre y edad?
-Julio Martínez y tengo 29 años. -Respondió con la típica voz de homosexual: suave pero melodiosa.
-¿Me puedes explicar, desde tu punto de vista, qué es lo que te hace diferente a los demás?
Julio se quedó pensando un momento y comenzó a contar su infancia. Ese es el punto de una buena entrevista: comenzar con una pregunta que desarrolle bien el tema desde el inicio. Pero no sólo es un buen comienzo, también es llevar un orden y un control de la entrevista, lo cual ella no supo manejar.

Ya decíamos que la entrevista tornó a una plática normal, de cotilleo puro. Desde el momento en que Julio le invitó a continuar con la entrevista en su casa, tomando unas latas de cerveza y fumar, y ella aceptó, se rompió todo el protocolo (el mínimo que tenía). Paola, Jorge y Julio se encontraban sentados y platicando. Cualquiera diría que era una situación de lo más normal, pero Paola aún seguía creyendo que era una entrevista, y la grabación seguía su curso.

Al día siguiente la resaca no fue suficiente como para determinar si la entrevista podía continuar o no, así que conectó su celular a la electricidad y continuó grabando. Una plática mañanera sobre gustos y costumbres inició.

Los días siguieron y cada semana iba a la estética a continuar con sus entrevistas (o lo que ella creía que eran entrevistas). Hasta que un día se encontró con la mayor de sus sorpresas. Su novio no estaba con ella, no estaba afuera de su salón esperándola, no le había mandado ningún mensaje, no le había mencionado nada de su ausencia.

Como no tenía crédito y prefería seguir con las entrevistas para terminar de una vez, se dirigió a la estética, pero estaba cerrada. Recordó donde estaba la casa de Julio y caminó hacia allá. Estaba sólo a tres casas de distancia. Tocó la puerta y no abrió nadie. Tocó dos veces más y seguían sin abrir. Sacó una tarjeta y como por arte de magia abrió la puerta. Justo cuando entró en la sala encontró ropa tirada, de hombre. Paola creyó que estaba mal entrar de esa manera cuando Julio, tal vez, disfrutaba de sus deseos, pero algo le decía que debía continuar.

Dobló el pasillo y se puso enfrente a la puerta de su dormitorio. Seguía pensando que estaba mal entrar así a su casa y peor aún, entrar hasta su dormitorio, pero también sentía curiosidad. Se lograba escuchar un gemido, de hombre, y la voz de Julio diciendo: “¿Así? ¿Así te gusta?”.

Paola abrió la puerta un poco y descubrió a su novio teniendo relaciones con Julio. No podía creerlo. Jamás hubiera creído que su novio llegaría a engañarla, y ni se le hubiera ocurrido, en un millón de años, que fuera con otro hombre.
-¿Qué demonios te…? -Iba a preguntar pero la impresión no dejó que terminara.
-Yo… -Trató de excusarse pero no pudo, sólo se tapó su cuerpo con las sábanas.

Paola salió del cuarto y en su vida no volvió a ver a Jorge ni a Julio.
Las siguientes investigaciones decidió hacerlas con otras personas, sin la compañía de nadie.

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