El Pequeño Sistema

En la sociedad hay trampas, hay candados que no nos dejan ser lo libres que queremos ser. Hay topes que regulan nuestra velocidad, que nos detienen cuando vamos de prisa, que nos detienen cuando aparece algo imprevisto. Éste “algo” que nos detiene la vida es un fundamento que siempre ha de existir y nunca desaparecerá. Lo que tenemos qué hacer es demandarlos. Ir en contra.
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Leí el libro de Robert Linhart, “De Cadenas Y De Hombres”, y la profesora me pedía que, con mis propias palabras, lo explicara de acuerdo a algunas pautas: un evento de la historia que me haya sido significativo, usar como ejemplo aquel evento en la sociedad mexicana y explicarlo desde el punto de vista de la sociedad en general.
Lo expliqué pero al final la profesora me dijo:
-Está bien, pero le falta más contexto a tu opinión. Deberías de tener más profundización en lo que dices. Hay personas o sociedades que tienen “candados” que no dejan a los demás subir de puesto, liberarse de su trabajo y comenzar a hacer lo que quieran en sus momentos de descanso. Te falta hablar sobre el impacto del cambio laboral en las diferentes áreas que han adoptado éstos sistemas.
Le expliqué de nuevo y traté (digo que traté porque el resultado fue el mismo) de hacerlo mejor. Una vez más volvió a corregirme.
-Sí, entiendo lo que tratas de explicar pero necesitas explorarlo y explotarlo más. Debes explicar cómo viven ellos esa situación, cómo se desarrolla por la época y el lugar en el que se sitúa. Explicar los “candados” que la sociedad te pone en frente para impedirte progresar, o normalizar, cuando te sales de lo que está planeado; control físico y psicológico que el capitalismo logra mediante aquella herramienta fundamental que es el trabajo y a veces la educación.
Iba a tratar de explicar una vez más lo que quería pero la profesora le dio el turno a otro compañero. Él comentó lo que pensaba y sus ejemplos, pero lo que escuché fue sólo una paráfrasis extensa de lo que yo había comentado. Dijo lo mismo y la profesora le ovacionó la participación. Algunos compañeros me volteaban a ver mientras el compañero proseguía su discurso y yo sabía que significaban esas miradas. Ellos sabían que estaba diciendo lo mismo que yo había dicho.
No me siento muy importante, ni trato de hacer que lo que diga lo escuchen todos porque no todo es importante, pero sé entender y comprender cuando algo se dice por alguien y otro lo repite, con otras palabras pero el mismo sentido (es por eso que a veces no participo).
Y si a ejemplos nos vamos, en el mismo salón podemos ver un pequeño sistema. El consentido, el protegido, el “jefe” de grupo desde el punto de vista burocráticamente escolar. Aún cuando supone reconocer que todos tienen sus altibajos en la vida y que aquel al que protejen no es la excepción, siguen cegados pues se encargan de etiquetarlos, y ellos se lo creen.
Bueno, si así va a ser, si también en la escuela hay “candados” y los que los ponen no los ven, estoy perdido. Estoy decidido a ser una herramienta más.
Si entiendo el contexto, acepto la condición.

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