Mujer XVIII FINAL (Segunda Parte)

Tarde diez minutos en recobrar la conciencia, el golpe que recibí fue fuerte, la sorpresa que me lleve fue enorme; ahí sentado en un sillón color marrón se encontraba Eduardo y a lado en una silla de madera estaba Sofía atada al igual que yo, pese a eso solo quería despertar pensando que todo esto era un sueño, más bien una pesadilla, mi cabeza me empezó a doler de nuevo y mi mirada se enfocó hacia el piso de madera.

— Que sucede Tomás no dirás nada, aun no te recuperas del golpe que recibiste o acaso aun no lo puedes creer, tú me robaste todo, nunca te considere un amigo sino alguien que debió haber desaparecido. — Mientras decía eso, mire hacia donde estaba Sofía ella solo permanecía sentada y ni siquiera volteaba a verme, su mirada se perdió hacia el vacío, no era la misma persona que conocía, todo su ser era distante a esta versión sombría de Sofía.

— Que es lo que estás diciendo, dices que te robe todo, ¡jamás! Te hecho algún mal, ¿Por qué piensas que te robe?

— ¡Ingenuo! ¿acaso siempre eres así? No quería que las cosas pasaran de esta forma, el responsable eres tú. — Levanto su dedo índice apuntando hacia mí, su mirada era distinta, siempre fue una persona calla y nunca daba su opinión, cuando estaba cerca de Sofía nunca me voltio a vernos juntos o quizás si lo hizo de manera discreta.

— Ya veo con que eso se trataba tu manera de ser, ¿Qué te hice? No me digas que…

— si es lo que piensas si, así es mi querido amigo fui yo el que provoco aquel incendio, después de que Sofía me rechazo, su golpe me hizo ver lo que tenía que hacer. — Por un momento se quedó reflexionando y se acomodó en aquel sillón. — Esa vez, me sentí emocionado que la mujer que tanto amo estaba esperando a un bebe, mi hijo… si era como tocar el cielo, pero… ella no sentía lo mismo que yo. Su cachetada fue tan fuerte que volteo mi rostro en otro lado… me quede paralizado no soporte la idea y no comprendía su odio y fue ahí cuando cerró la puerta vi aquel tubo y solo tenía algo en mente, fui hacia su lugar de trabajo y puse alcohol en las telas y prendí un fosforo el fuego empezó aparecer y Salí de aquel lugar y me escondí en un monto de cajas de cartón y solo esperaba el momento que Sofía esta perra que estás viendo ahora, entrara y así le cerraría la puerta con el tubo para que no pudiera salir, pero ese momento nuca paso y de pronto vi como las llamas ardían más y después recordé que había más botellas de alcohol las cuales hicieron que las llamas incrementaran, yo no quería, lo único que pensé fue en salir de aquel lugar pero; mi ego no me dejaba tranquilo y sin más atranque la puerta de la salida del almacén usando el tubo, por un momento pensé si los bomberos o los policías pensaran que fue algo provocado y no un accidente, así que decidí utilizar lo poco que tenía en la botella de alcohol y lo puse en mis manos y utilice un fosforo y le prendí fuego, el dolor era insoportable. Hasta eso tuve que soportar y aun dices que fue lo que…

Sofía de una manera u otra se pudo librar de la soga que la ataba y golpeo a Eduardo con la silla de manera, esta era mi oportunidad, trate de quitarme la cuerda, pero no podía me sentía inútil, como pudo Sofía y yo no. Por un momento Sofía me volteo a ver.
— Sofía, ayúdame a quitarme estas cuerdas. — Pero Sofía en vez de ayudarme salió, mi corazón se desplomo. ¿Porque ella?

Eduardo se levantó bruscamente y volteo a verme, después salió a buscar a Sofía. Paso quizás quince minutos o quizás mas no era momento de quedarme aquí así que trate de levantarme y en un puse en un poste de madera y empecé a brotar de arriba hacia abajo hasta que poco a poco la cuerda se empezó a romper y con un último esfuerzo la cuerda se rompió dejando caer violentamente la silla y mientras yo era expulsado por la fuerza que se había creado. Solo mire hacia la puerta y cuando trate de abrirla apareció Eduardo y me miro y de su chaleco saco un cuchillo.

— Maldita puta, se escapó, pero tu aun sigues aquí y aquí dejaras de vivir.

Eduardo tomo fuertemente su cuchillo, era un chuchillo de caza, un punta y filo muy afilada y el mango rojo sangre con una delegada línea azul rey que rodeaba el contorno del mango, se acercaba lentamente hacia mí, mi cuerpo se paralizo en segundo mi cerebro no me respondía, era como si mi cuerpo viera la muerte, esa delgada línea que separa en vivir o en morir, el comienzo y el fin. Un objeto tan pequeño era capaz de ocasionar eso, la vida era más frágil que una copa de cristal. Pese a mi estado mire en ambos lados y lo único que pensé era en la ventana, sin más fui corriendo hacia ella y salte. Mis oídos escuchaban el ruido del cristal rompiéndose y los pedazos que caían, lo único que pensaba era en la de vivir, caí al suelo y como pude me levante no me dio tiempo de revisarme, pero con el simple hecho de tener las fuerzas de correr cuesta arriba del bosque me hizo suponer que estaba bien, cuando sentí la falta de aire mire hacia atrás y Eduardo me perseguía, cada vez que volteaba a verme me  gritaba que este era mi fin, sin embargo me tropecé y él se aproximaba más hacia mí, tratar de recuperar el aliento y continuar para mí era imposible, la falta de ejercicio me empezaba a cobrar factura, en cambio Eduardo siempre había sido una persona que hacia ejercicio, para el esto era pan comido, acaso esto fue un error, haber venido sin avisar a nadie, no tenía más tiempo los pocos minutos que tuve fue para recuperar el aliento, no tenía otra elección, lo único que pensaba era tener que defenderme, así que con todas mis fuerzas rompí una rama  de un metro con ochenta y un poco gruesa. Recordé aquella vez que ayudé a esa chica del parque, solo que esta ocasión mi vida dependía de un hilo de “mi mismo”.

— Ja… que piensas hacer con eso, ¿acaso crees que soy un estúpido?

— Entonces ven por mi Eduardo.

Él puso su cuchillo hacia mí y yo con la rama trataba de esquivarlo, sentía que si cometía un error aun minúsculo seria mi fin. Trataba de esquivar cada vez que el dirigía su chuchillo hacia mí, lo único que podía hacer era en defenderme. El terreno era irregular cada vez que el golpeaba tenía que defenderme y mirar por donde pisaba. Su cuchillo apuntaba hacia mi rostro de alguna manera tenía que buscar el modo te quitársela, pero cada vez que trataba de golpearlo con la rama el simplemente retrocedía. Cometí un error sin darme cuenta caigo por un pequeño agujero y tratando de recuperarme termino resbalándome. Con desesperación busco la rama, pero no está por ninguna parte, la mirada de Eduardo lo dice todo, está decidido él va a matarme… como un hombre puede matar a alguien, más bien como un hombre pudo matar a tantas personas, trato de incorporarme y el da su primer golpe y yo trato de tomarlo de su brazo, el filo de su cuchillo apunta en mi pecho, casi puedo apreciarlo con todo detalle, el solo sonríe y con su otro brazo toma mi cabeza con brusquedad.

— Maricas como tu… aun no entiendo como Sofía pudo quererte, ella siempre le gusto los futbolistas y… sabes que más ella odia a todos, me odia a mí y te odia a ti ¡jamás será feliz de nuevo! Y sabes porque, me acosté con ella la embriagué y la hice mía el bastardo que esperaba era mío.

Maldito, por eso ella cambio, ya veo ella quedo atrapada en aquel almacén y al tratar de escapar se cayó por las escaleras y aun con las pocas fuerzas que le quedaba trato de abrir aquella puerta, aquella puerta que jamás se iba abrir, se salvó del fuego ya que nunca llego ahí, pero por el humo y la falta de oxígeno perdió la conciencia, fue un trauma más que tuvo que pasar esa sensación de la muerte susurrando sus oídos, fue un milagro que no muriera solo por el celo de este hombre, ahora paso por lo mismo.

— ¡Maldito! Cómo pudiste y aun así te atreves a decir que te robe todo, tu nunca has conseguido nada en cambio yo… me quitaste a la mujer de mi vida, jamás te lo perdonare ¡jamás! — Trato de sacar fuerzas de flaqueza y suelto la mano que sostenía el cuchillo y con la fuerza perfora mi hombre izquierdo, aun así, me trato de incorporar y me libero de su mano que sostenía mi cabeza y suelto un gran puñetazo en su rostro, el retrocede al igual que el cuchillo que sale de mi hombro se cubre de sangre aun así yo… me voy con todo hacia el tomo una pequeña rama y cuando el vuelve a dirigir su cuchillo hacia mí me trato de agachar y con la rama raspo su rostro el reacciona al dolor  me da tiempo de tomar su mano derecha y así tratar de quitarle el cuchillo. Poco a poco retrocedo junto con el hacia abajo y con una patada hacia su estómago cae hacia un árbol inclinado y una rama rota y puntiaguda atraviesa su estómago el solo mira hacia su estómago viendo la rama que sale de él y después voltea a verme y tratando de decir algo cae muerto y todo su peso ahora inerte hace que el pequeño arbolo se incline más y la rama se parte en dos. Cansado y herido veo su boca sacando sangre y una mirada que se pierde al vacío.

Trato de caminar pensando en Sofía, que le paso donde se habrá ido mi mente se pregunta una y otra vez, por fin caigo y me acuesto hacia un árbol y miro hacia donde está la cabaña y al momento de cerrar mis ojos, escucho a lo lejos sirenas de patrullas, creo que esto se ha terminado; Sofía… 


FIN


No se pierdan el jueves 3 de agosto de 2017 el epilogo de Mujer  

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