Acceso Denegado Capitulo: XVII


Acceso Denegado
Capitulo: XVII

Salimos de aquel lugar y caminamos un buen rato, hasta que me empezó a doler el cuerpo por los golpes.
     Esperen ya no puedo seguir caminando así. — dije un poco adolorido.
     Vamos si no nos damos prisa quien sabe que va a pasar. — dijo aquella persona que acompañaba a Ale y a Fernando.
Sharon me abrazaba mientras revisaba los golpes en mi cabeza, como pude llegamos a donde estaba el parque, el cual usamos como punto de reunión entre Paola y Sharon. Paola por un momento pensé en ella y sin preocuparnos mucho la habíamos dejado sola. En una banca pensé en todo lo que paso sin tener en cuenta a Michelle y Paola. Todo se había convertido en algo caótico y yo… mi pensamiento se bloqueó al ver una patrulla a toda velocidad a la dirección de la casa de Michelle. Por fortuna ya no estábamos ahí me dije y a parte la patrulla paso por desapercibido nuestra presencia.
     Listo amigo. — mire aquel tipo que sonriente dijo. — se ve que se pondré mejor la fiesta.
     ¿Cómo te llamas? — dijo Sharon.
     Sebastián, un gusto por conocerlos, aunque ya sea un poco tarde.
     Ya es tarde tenemos que seguir o no llegaremos a nuestras casas. — dijo Sebastián.
Es cierto ya son más de las 12: 24 am y las calles están desoladas, sin mencionar el frio que se empieza a sentir.
     Primero tenemos que ir a una tienda. — dijo Ale.
Caminamos un poco más hacia una parada de taxis y justo a su lado había una tienda de 24 horas de servicio. Ale entro y después salió con una bolsa el cual le dio una botella a Sharon para que me limpiara junto con un rollo de papel higiénico. Sharon me limpiaba de una manera distinta. Era difícil asimilar que ya habían pasado una hora y media cuando lo habíamos hecho en la cama de Michelle. Mientras veía a Sebastián tratando de hacer una llamada, pero siempre colgaba al ver que le mandaban a buzón de voz.
     Te siente mejor, este es para vos. — dijo Ale que al mismo tiempo me daba un red Bull y sonriendo dice. —  es para que te de alas y sigamos.
En ese momento se acerca Sebastián y dice.
     No Ale, ya es tarde hay que irnos en taxi, nadie me contesta, así que en cualquier momento tendremos compañía.
Ale solo asienta con la cabeza y tomamos un taxi. Por momentos sentí mareos, pero pronto sucumbí al sueño.
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En mi alrededor solo quedaron botellas y vasos vacíos y uno que otro disco de ese tipo rato que trato de lijar conmigo. Quise asimilar lo que había pasado, pero esa tranquilidad se fue cuando llego la policía, solo supe que atraparon a tres de los involucrados y los demás huyeron, Jair se quedó conmigo, a espera a mis padres, pero no quise, solo le pedí que se fuera, solo deseaba que se fueran, quería estar en un lugar oscuro y solitario para que aquella soledad me tragara, pero eso era una fantasía, una mera fantasía. Ya que las luces de la patrulla iluminaban aquella oscuridad que sentía, primero una y después otra hasta que cuatro patrullas llegaron al lugar en donde ocurrió aquella tragedia.               
                                                        
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