El Fugitivo (Capítulo 10)

CAPÍTULO 10
Estaba detrás de la puerta y seguía dudando: salir o no. Al final tuve que abrir la puerta y terminar con todo. Vi a la multitud de policías alrededor de la entrada, comenzaba a arrepentirme de la decisión, pero ni modo, no había retroceso.
-Sabia decisión. –Dijo el policía aún con el altavoz en su mano, ahora en la izquierda. Con la derecha me saludó como si fuera un viejo amigo-. Sabia decisión, señor Ramírez. Me temo que lo tendremos que llevar nuevamente al Reclusorio, pero antes, acompáñeme a otro lugar. –Se dio media vuelta y se fue a su vehículo-. Señores, llévenlo a su transporte.
Todas las patrullas comenzaron a salir de su sitio y avanzaron por la carretera. La patrulla en la que me había subido avanzó detrás de donde iba el policía que me había saludado. Así avanzamos durante media hora hasta llegar a un edificio abandonado. Los demás autos volvieron a formar el medio círculo y los dos terminamos a la mitad. El conductor me sacó y me llevó a donde estaba el jefe policía.
-Sígame. No se preocupe por las salidas, ya me encargué de ellas.
Lo seguí por unas escaleras y llegamos a una habitación grande. Él ya estaba sentado detrás de un escritorio. Era lo único que había en el lugar. Me dijo que me sentara en la silla que estaba al otro lado y lo hice.
-Creo que no me he presentado. Soy el oficial Prado de la SSN y, usted, señor Ramírez, era mi trabajo principal. No descansé hasta atraparlo y henos aquí, platicando. No le eche la culpa al pistolero que lo delató, sabe quién, ¿no? –Claro que lo sabía. Sabía que Andy era el maldito-. No se molesté, además, ya teníamos una pista fresca de usted. Fue una estupidez ir a ver a su ex pareja Clara, pero claro, el amor no se olvida, ¿verdad? Pero no me haga caso. Lo traje aquí por una razón que, quizá, no se imagine.
Por supuesto no sabía de qué se trataba y cuando me lo contó no lo podía creer.
-¿No es muy conversador, cierto? Está bien, no importa, sólo escuche. –Tomó un folder amarillo y sacó algunas hojas sosteniéndolas con sus dos manos, de modo que no las podía ver-. ¿Recuerda el accidente del que fue culpado? ¿El asesinato de la chica a la que trató de ayudar y la navaja que quería quedarse, pero que logramos obtener? Bueno, hicimos algunos estudios de huellas y obtuvimos algunas. Quitando las de usted, quedaron dos juegos. Buscamos a los tipos y dimos con el culpable. Pero, aquí va la noticia, lo atrapamos hace meses. lamentablemente murió unos días después de su captura. Se sorprende, ¿verdad? Lo mantuvimos en secreto para usted porque queríamos un chivo expiatorio. La gente quiere ver que alguien sufra por un crimen, aunque sepan que no era el culpable, por eso lo dejamos dentro. Ahora que se escapó dio más motivos para que todos crean su culpabilidad, y bueno, decidimos seguirlo.
Mi humor cada vez estaba convirtiéndose en algo depredador, la bomba estaba a punto de explotar, aunque lo que dijo a continuación me calmó. En realidad, cambió todo.
-Sabemos que quiere su libertad, así que le propongo un trato, señor Ramírez. Lo dejaremos fuera, con su historial limpio, si decide hacer sólo una cosa para nosotros.
Se quedó pensando durante unos segundos, miró hacia afuera por la ventana observando a todas las patrullas que esperaban y se volvió a dirigir hacia mí.
-Queremos detener a su pareja. Bueno, ex pareja. Verá, la historia es muy larga y no tengo tiempo para contársela, pero todo está aquí en este archivo. –Me entregó el folder que tenía y lo miré. En la pestaña venía mi nombre y el de Clara. Lo abrí y las hojas estaban llenas de datos, de cifras y, al parecer, explicaban que un sinfín de dinero había sido robado de varias empresas-. ¿Se sorprende? Nosotros también. Cuando salió y fue a verla aun no sabíamos nada del «trabajo» que hacía, nos enteramos hace un par de días, justo después de verlo en la tienda de armas.
Pensé en la escena, desde que entré hasta que salí de «Armas de Andy», y no recordé a ningún policía cerca del lugar. «Quizá estaban vestidos de civiles», pensé.
-No se rompa la cabeza en pensar. Decida de una vez. En realidad, no hay mucho que pensar. ¿Quiere su libertad o volver a prisión? Le daré media hora para que decida. Disculpa el poco tiempo, pero como le había dicho, tengo prisa. Tiene media hora.
El jefe Prado se levantó y fue a la puerta. Tocó y entraron otros policías que le entregaron una caja de comida china.
-Comeré mientras decide. Si gusta, puede acercarse, pero le recomiendo que piense muy bien en su elección.
Mi disyuntiva creció con el paso del tiempo y no sabía qué hacer. Es cierto que aún amaba a Clara, pero ella a mí no. Sería fácil entregarla después de conocer lo que había hecho. Después de leer los documentos me enteré que había desviado más de 150 millones de euros a diferentes cuentas en varios países. Yo estuve en la cárcel, pero fue por un error. Ella que debería estar dentro, se encontraba feliz, viviendo una vida que era mía. Quizá fue ese pensamiento lo que hizo clic, pero decidí al instante.
Me acerqué al oficial mientras comía y tomé un rollo primavera.
-Está bien. –Dije con un bocado en la boca-. Lo haré. Entregaré a Clara.
-Perfecto. Parece que ahora sí nos entendemos. Termine de comer y lo llevaré al Reclusorio para firmar los papeles de su liberación. –Se dirigió a uno de los policías que había llegado con la comida y le dijo-: Oficial Ruiz, prepare la habitación del señor Ramírez en el mejor hotel. No queremos que uno de nosotros viva en un edificio quemado.
-A la orden, capitán.
Nos quedamos solos y seguimos comiendo. Después de salir del edificio dejé de ser un fugitivo para convertirme en alguien libre. Pero, bueno, la libertad también viene con sus condiciones, y yo no estaba exento de ellas.

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