La Invocación (III)

III
Entró en la casa que había sido modificada para albergar a unos 6 jóvenes con intención y motivación de aprender a tocar un instrumento musical. En efecto, los instrumentos que había escuchado tras la puerta, desde la calle, eran esos. Y era una mandolina.

     Había cinco personas y él sería el sexto. Era impresionante que él fuera el segundo con una guitarra. Creyó que todos llevarían una, pero no, los instrumentos eran variados. Además, había una batería pequeña que no había escuchado cuando tocó la puerta y quizá era del profesor. Cada uno de ellos lo miraba con cierta extrañeza. El profesor hizo que se presentaran.
     -Hola, soy Karen y aprendo a tocar el teclado. Me gusta más el piano, pero por cuestiones de peso no podía traer uno aquí. -Los dos comenzaron a reír cuando un chico se acercó a él.
     -Hola, bienvenido. Soy Óscar y toco la guitarra. -Era un poco mayor comparado con los demás, pero su entusiasmo por aprender era evidente.
     -¿Cómo estás? Yo me llamo David y la flauta es mi pasión. Quizá te parezca sencilla y sin chiste, pero para mí es mi vida. Bienvenido.
     -Hola. Todos te parecerán unos tontos, pero yo te puedo asegurar que es un buen grupo. Como verás yo toco la mandolina. Por cierto, soy Mariana.
     -Ya se presentaron todos y sólo falto yo -Habló el profesor desde su lugar, sentado detrás de la batería-. Me puedes llamar Pepe y no voy a ser tu profesor, seré más como una ayuda a la que podrás recurrir cuando no puedas. Claro que al principio te daré algunas notas generales, pero lo demás lo harás por ti mismo. Siempre he pensado que la música no se enseña, se aprende por sí mismo, así que espero que tú tengas la intención de hacerlo.
     Francisco se quedó sin palabras. No creyó que todo fuera a salir de aquella manera, pero le gustó, un profesor diferente a los demás, y parecía que lo hacía bien ya que sus alumnos, bueno, aquellos jóvenes que aprendían, lo veían con respeto.
     -Está bien. -Apenas pudo articular.
     -Perfecto. Ahora enséñame lo que sabes. No importa que sea poco.
     Los demás comenzaron a practicar por su cuenta mientras el profesor, que no era precisamente un profesor, veía lo que Francisco podía hacer. A final le dejó practicar el solfeo y el punteo. Después le dio un pequeño libro donde se encuentran las bases de los acordes y sus derivados. Y esa fue su primera y única clase. La segunda consistió en la repetición de la primera, y la tercera en la repetición de la segunda, y así sucesivamente.
     Durante estas tres primeras clases convivió con sus compañeros cada vez más. Con Óscar porque era el que le ayudaba en algunas cuestiones de la guitarra, y con Karen porque comenzaba a convertirse en una amiga. Claro que llegó a pensar en ella más que en una amiga y dejar a Belén, pero se abstuvo y decidió que ser amigos sería una perfecta opción.
     La cuarta clase fue la decisiva para Francisco.


Cada domingo un capítulo nuevo.

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