Unmei no kaze [El viento del destino] Episodio 2 – La estación del recuerdo.

運命の風
Unmei no kaze
[El viento del destino]

Episodio 2 – La estación del recuerdo.


Me es difícil borrar el recuerdo de mi viejo, aquella época fue difícil para mi madre y padre. La sensación de mi hermana asesinada y aquellos recuerdos que fueron borrados; los cuales no recuerdo bien. Aun así, lejos de mi hogar pienso en Akiha y en mi padre el cual era un hombre con dotes muy apegados a su religión. Era un ejemplo para la comunidad cristiana y un ejemplo de respeto y tolerancia hacia otro tipo de religión ajena a la de él. Todo inculcado por el mayor de los Azuma. Mi tátara, tátara, tátara… abuelo Shirou Azuma, el cual conozco por una ilustración pintado en 1612. Pertenecía a una generación de más de 400 años ligados a la creencia cristiana instruida por los misioneros de aquella época en la era Shojun.

Mi infancia fue dura ya que mi padre fue muy estricto conmigo y con mi hermana Misaki. Los cuales consistía en las enseñanzas del cristianismo, a temprana edad llegue a dudar de dios y no podía creer que un niño de mi edad fuera sometido a tales enseñanzas, lo que provoco mi distanciamiento hacia mi padre el cual se alejó de aquella bondad que le caracterizaba y poco a poco se perdió en la soledad y en el alcohol. Trabaje duro para concluir mis estudios mientras más me alejaba de mi padre; más inestable fue mi relación con él, cada quien tiraba el cordón de su propio destino y cada quien miraba otro tipo de horizonte. Con la gente de mi pueblo mi padre era adorado como un santo por sus cualidades religiosas y sabiduría que lo distinguía. Siempre tratando de resolver y ayudar con los más necesitados del pueblo, nunca acepto que se le diera un trato distinto; para él todos eran iguales, incluso los monjes budistas le guardaban un respeto profundo y jamás recibió algo a cambio de su esfuerzo. Si había alguien que necesitara su ayuda, él iba con entusiasmo y de espíritu firme se encargaba de resolverlo. Aquellos días admire a mi viejo y me sentía orgulloso de él. Hasta que la desgracia llego a nuestro hogar aquel invierno el cual nunca olvidare a pesar de no recordar todo. Aun me pregunto sobre aquella bestia que ataco a Akiha y la duda remuerde mi corazón y mi alma se rompe en llanto ya que no recuerdo que paso después. Solo recuerdo el funeral de mi hermana y la gente de mi pueblo dando la condolencia a mis padres. Mi padre cambio para siempre; el respeto y admiración se derrumbó y fue tragado por el dolor de ver a mi viejo emborrachándose y lamentándose en aquellas noches acompañado con el ruido ensordecedor de las cigarras.
  — Daiki. —decía mi abuelo mientras observaba a mi padre consumir alcohol. — no permitas manchar tu inocencia con tragos amargos, el destino puede ser cruel en algunas ocasiones, pero nunca olvides tomarlo con sabiduría y prudencia.

Las palabras de mi abuelo hacia que mi corazón se rompiera en lágrimas, él tenía razón, al decirme eso. Tanto como ver a mi padre que se dañaba a sí mismo, como yo me dañaba al verlo. Dejé de ir al dojo por las noches a ver a mi padre y me concentraba en mis estudios. Pasaron los años y con la autorización de mi madre y con la ayuda de mi abuelo decidí estudiar la universidad en el extranjero. Mi padre trato de impedirlo antes de que llegara al aeropuerto.
   — ¡Daiki! ¿Qué estás haciendo? ¡¿Porque vas a otro país?! Tu deber como un Azuma es en quedarte en Japón. Si te decides irte; pues hazlo, pero olvídate de ser el heredero de la familia. Te destituyo, como hijo único. Si tanto deseas vivir en otro país perderás las costumbres de nuestra familia y su legado que ha pasado en generaciones.

Y fue así como me desheredo, dejando a mi hermana como líder de la familia. Tiempo después, llegando a México y pasando un año aproximadamente me llego una carta de mi madre el cual decía:


04 de octubre de 1997

Hijo mío:
Te escribo, esperando que estés bien. Las hermosas postales que me mandaste me han embelesado, cada color y detalle me ha cautivado desde lo más profundo de mi corazón. Se bien que la relación de tu padre fue mala durante tu adolescencia, pero ahora que eres un joven que desea ampliar sus horizontes y con la llegada del nuevo milenio y las innovaciones que este implica, es normal para una madre ver a su retoño partir lejos de casa.
Aun no encuentro las palabras exactas o la fuerza necesaria para poner el puño en el papel y con el lápiz poder escribir una mala noticia. Cuando dejaste el distrito de Kioto, tu padre cayó en una gran depresión. Dejo de comer y a menudo y con pocas ganas comía. Poco a poco su salud empezó a debilitarse. Cayendo enfermo de una terrible enfermedad. Hice todo lo que estaba a mi alcance para cuidarlo. Muchos de nuestros amigos y vecinos que lo querían fueron a verlo. Tratando sin éxito en animarlo. Pero todos los tratamientos médicos fueron inútiles hace unos días tu padre murió dejando sin antes a tu hermana al cargo de la familia y recibiendo de su parte algunos artilugios que han pasado de generación a generación.
Tu hermana Misaki se ha comportado como tal, siendo ahora líder de la familia ha recibido de parte de familiares y amigos el reconocimiento de formar parte del legado de los Azuma, aun así, me trata igual. Me da el amor que una madre espera de su hija, va a la academia para señoritas Nakahara el cual está a media hora de nuestra casa, además de formar parte del club de la ceremonia de té y de ser una alumna ejemplar destacando entre todas las que asisten al colegio. Ella tomo la decisión de ir a ese colegio privado en vez de ir a un colegio normal mixto.
Espero no haber arruinado tu día con esta mala noticia, ahora que tu padre ya no vive espero que algún día nos visites. Espero con ansias que ese momento llegue.

Te quiere tu madre.                       
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Aquel efímero día, esa visión que tuve de mi padre y los días que dejo de serlo. No recuerdo a ver sentido nada por mi viejo, ambos tuvimos nuestros momentos, pero también compartimos el desacuerdo entre uno que se acercaba a su caída y por otro lado alguien que deseaba vivir y escapar de sus obligaciones. Aun así, espero que se haya reencontrado con Akiha en el cielo y que se perdone así mismo. Ya que nunca lo culpe por su debilidad y su remordimiento. Solo odie aquel día que él dejo de ser el hombre cuyo espíritu y alegría iluminaba a los que le rodeaban. Padre espero que tú también pienses en mí. Nunca sabré; si el día de tu muerte pensaste que tenías a un hijo. Jamás justificare lo que hizo que cambiaras.

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