Unmei no kaze [El viento del destino - Episodio 3 – Los días transcurren.

運命の風
Unmei no kaze
[El viento del destino]

Episodio 3 – Los días transcurren.

El sol como de costumbre entra por un orificio pequeño de mi ventana e ilumina mi habitación al igual que invita a mí cuerpo a despertar de aquel sueño que me cobijan cada noche. Veo la hora y son las 8:30 de la mañana aún es temprano y por fortuna hoy entro a las 12:00 de la tarde y con ella tendré solo tres clases, una con un examen y las otras dos son de exposición sobre las relaciones y el manejo de la diplomática con otro país extranjero. Sin duda será un día tranquilo o eso espero. Me levanto de mi cama antes de vuelva a sucumbir. Entro al baño y comienzo a bañarme para que mi cuerpo además de limpiarlo logre despertar y relajarse con el agua caliente que sale de la regadera. Uso mi cambio de ropa que en la noche había preparado. Todo indica que será un día soleado y con pocas posibilidades de lluvia. Así que olvido por el momento guardar mi chamarra para otra ocasión. Bajo por las escaleras y Roberto y su madre están preparando el desayuno.
   — Buenos días Daiki — Dice Roberto sorprendido un poco, él fue mi amigo a quien lo conocí en mi trabajo; cuando en Japón trabajaba en una tienda especializada en figuras de anime, accesorios variados y mangas entre otras cosas que se publicaban en varios formatos. Al igual de manejar pre órdenes. Una vez tuvo un problema con su figura ya que lo había pedido por pre orden y la figura tuvo mucha demanda y se agotó el día de su lanzamiento en cuestión de minutos, así que él se quedó con ansias de que llegara su producto, pero la decepción fue tal cuando recibió un mail diciendo que su figura estaba agotada y no había respuesta del fabricante o del distribuidor. En ese tiempo me toco su caso y vi su gusto por el anime y decidí ayudarlo. Trate de mover mar y tierra para obtener una respuesta del siguiente lote de figuras y el esperado día llego. Su figura fue relanzada por su gran auge e inmediatamente se lo comunique. Ese día jamás lo olvidare; ya que pude apreciar a alguien que le encantaba ese tipo de cosas. Cuando llegue a México el me invito a vivir con él y junto a sus padres me rentaron una habitación. Desde ese día lo considero como un amigo.
   — Buenos días a todos. — saludo cordialmente y me dispongo a sentarme.
   — Buenos días Daiki, hoy no tienes escuela. — Pregunta la mamá de Roberto mientras me sirve en mi plato un poco de arroz, huevo y junto a ella dos tostadas de pan.
   — No, hoy entro un poco más tarde. Terminado de desayunar pasare por Ana. — ayer Ana estaba un poco molesta por no acompañarla a ella y a su amiga al igual que a mis compañeros del salón y en la noche me mando un Messenger. El cual decía que quería hablar algunas cosas conmigo. Así que no tuve de otra más que aceptar su invitación.
     Creo que a Ana le gustas Daiki.
   — ¡ehhh! Por qué dices eso — me sonrojo un poco después del comentario de Roberto.
     Claro amigo. Ese día en la fiesta de Raúl vi cómo se te quedaba viendo. Dice Roberto y después toma su vaso.
   — ¿Quieres que te sirva más hijo? — la madre de Roberto le pregunta a su hijo el cual le afirma moviente la cabeza — y tu Daiki.
   — No gracias, creo que estoy satisfecho. — me levanto de mi asiento y tomo una manzana para el camino y me dispongo a partir. — Gracias por la comida señora. Al rato regreso.
   — Claro hijo, no llegues tarde a casa. — dice la mama de Roberto mientras me dispongo a salir.
   — ¡Oye Daiki ya terminaste de leer el cuarto tomo de Battle Royal! — grita Roberto antes de que salgas.
   — ¡Ya! Lo deje en el libreo. Termino en donde…
   — ¡Cállate no me lo spolees! — me interrumpe Roberto antes de que le adelante un poco la historia. Sonrió un poco; lo volteo a ver y abro la puerta y decido salir.

El calor es sofocante de esta mañana. Adentro en casa hacia algo de calor, pero estando en la calle es un infierno. Pensaba caminar un poco ya que la casa de Ana no está muy lejos, pero con el calor y la poca sombra que hay en las banquetas. Mejor decido tomar el autobús. Espero en la parada mientras pienso un poco en mi familia. Cuando Misaki tomo el cargo y siendo la heredera, deje de tener comunicación con ella. Dejo incluso de mandarme mail y lo poco que sabía era gracias a mi madre que una vez envió una foto por fax. Misaki se había convertido en una bella señorita de una casa muy acomoda en el distrito de Kioto. Mis pensamientos se ven bloqueados cuando veo acercarse el autobús. Hago la parada y subo; busco un buen lugar para sentarme hasta el fondo de la unidad y donde pueda mirar hacia la ventanilla del autobús. El autobús hace ruta, mientras observo a la gente caminar por las calles. Nunca me sentí extraño en este país. Todos son amables y buenas personas a pesar de que existe la violencia y la corrupción, pero después de aquel partido político que estuvo más de setenta años en el mando de este país dejara el puesto de la presidencia al nuevo presidente Vicente Fox Quesada del partido acción nacional. La gente tuvo esperanzas de que algo, tan siquiera algo cambiara, aún recuerdo los comerciales y las campañas que ese político hacia y el que más me agrado era una donde salía caminando por una carretera con varias personas siguiéndolo. Quizás por eso gano las elecciones. Ya que el mensaje era claro y daba esperanzas a este pueblo, el cual me acogió. Después de a ver sido desterrado por mi padre y su incomprensible comportamiento. Me siento feliz y creo que hice bien en a ver venido a esta ciudad. Antes de llegar a la siguiente parada decido levantarme y camino hacia la puerta de atrás y presiono el timbre para bajarme del autobús, sin ninguna demora bajo y camino unas cuantas cuadras y llego a la vivienda de Ana. Busco el timbre y lo toco. Hace un pequeño sonido y en seguida sale el padre la hermana de Ana.
   — Ehhh, buenos días. Se encuentra Ana. — pregunto con vacilación.
   — ¿Quién lo busca? — Pregunta mientras empareja un poco la puerta.
   — Soy su compañero de la escuela. — le contesto.
   — Ok, espera un momento. — su hermana es muy hermosa y parece un poco mayor que ella. En un rato sale Ana.
   — Hola Daiki, pensé que no vendrías. Con eso que te gusta dejar plantado a tus amigos.
   — Nunca te deje plantada. Solo que no podía salir contigo. Tenía cosas que hacer. — mientras le dijo todo eso sonrió un poco.
   — Eres un tonto. Solo bromeo. Pero creo que deberías salir con más gente y no con tu comunidad de frikis. — Dice Ana mientras sale de la reja de su casa.
   — No se… además hace mucho calor. No creo que se buena idea salir a un lado con esta temperatura. Creo que me voy a derretir si permanezco más tiempo aquí. — Ana solo escucha lo que le digo mientras ve el cielo el cual esta despegado; sin ninguna nube.
   — Tienes razón en eso. Porque no entras, ahorita estoy con mi hermana y con mi mamá y estábamos a punto de ver quién iba a la tienda a comprar un poco de helado. — dice mientras abre de nuevo la pequeña reja blanca de nuevo.
   — No sé si sea una buena idea. Vine porque me lo pediste. Todavía tenemos clases a las 12:00 sería mejor ir al campus. — le dijo un poco nervioso.
   — Si, pero aun es temprano…
   — Pero… tú lo has disco. Es temprano y para comer helado. Se me hace algo raro de tu parte. — interrumpo a Ana.
   — ¿Crees que soy rara? — ¡¿Qué clase de pregunta es esa?! Es más raro que comer helado a las 10:14 de la mañana, más raro soy por a ver venido, solo porque ella me lo pidió.
   — ¡No! Creo que eres normal. — “o eso creo” me dijo mientras trato de reflexionar una vez más lo que me hizo llegar a este lugar.
   — Entonces no soy rara. — Ana vuelve hacerme la misma pregunta.
   — No y no, eres una niña normal, solo que no es normal comer helado tan temprano. A pesar de que este haciendo bastante calor en la mañana. Pero si quieres vamos a la tienda y después vamos a la facultad o se nos hará tarde.

Mientras caminamos hacia la tienda que está a una cuadra. Me doy cuenta que es la primera vez que camino con alguien diferente a mis amigos. Ana ha sido una gran compañera, algo extraña e introvertida, pero una chica inteligente y la que ha conseguido en los tres años el primer puesto del cuadro de honor. Sin dudas el próximo año cuando nos graduemos ella volverá a destacar como siempre. Solo quedan algunos días y por fin estaremos de vacaciones de nuevo. Cuando me gradué, buscare un empleo y le agradeceré a la familia de Roberto por darme un lugar donde dormir y comer, pero creo que lo mejor será buscar un departamento y hacer mi vida. 

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