Unmei no kaze [El viento del destino] - Episodio 4 – Una mala noticia.

運命の風
Unmei no kaze
[El viento del destino]

Episodio 4 – Una mala noticia.

   — Gracias señora. — le agradezco a la madre de Ana, mientras me sirve un poco de helado de fresa con una delgada capa de chocolate.
   — Lo vez Daiki, el helado cae bien a estas horas. No importa si es en la mañana o en la noche, siempre y cuando haga calor como hoy es bueno comer helado para refrescarse un poco. — dice Ana mientras termina su helado dejando casi el vaso limpio.
   — Tienes razón. Ahora me siento un poco fresco; aunque… me hubiera gustado más algo liquido como agua de horchata. — Ana solo escucha y después se levanta y toma mi vaso el cual ya no contiene helado.
   — Vamos que hoy tenemos algo de practica de campo libre. Si se nos hace tarde. No te lo perdonare.
   — ¡¿Qué…?! Y eso por qué. — dijo un poco disgustado.
   — Vamos, toma tus cosas. Creo que ya te había dicho que si llegamos tarde no te lo perdonare. — dice Ana con un gesto muy afeminado mientras sonríe.

Salgo de su casa junto con ella. Mientras recorremos la calle a Ana se empieza a sofocar con el inmenso calor de este día. No recuerdo que en este mes hiciera bastante calor. Los otros dos años eran un poco diferente y casi el calor no me molestaba. Pero esta vez el calor era terrible incluso en las noches me costaba dormir.
  — Ana te molesta el calor.
  — Un poco y a ti. — Pregunta Ana mientras llegamos a la parada del autobús.  
  — Igual. — me limito a decir más palabras.
  — No extrañas a tu familia Daiki. — pregunta Ana.
  — Casi no, me gusta vivir solo. Aunque realmente este con un amigo que conocí.
  — ¿Qué te hizo venir a México?                                                              
  — Nada. Me gusta vivir en este lugar.

El autobús se detiene y mientras esperamos que algunos pasajeros bajen, la invito a que ella sea la primera en subir. Después subo y buscamos un lugar en medio del autobús vemos un lugar para dos personas libres y ella camina y se sienta, lo mismo hago. Mientras hace su recorrido el autobús, me empiezo a curiosear sobre Ana.
   — Y a ti… ¿Qué vas hacer después de que te gradúes?
   — Lo más seguro es que siga estudiando en una maestría. Mi hermana estudio derecho. Pero ahorita está desempleada. Y los cocteles de abogados están muy disputados por lo que casi los hombres son los únicos que llegan a ser contratados para defender o incluso a realizar demandas. Las dos veces que mi hermana estuvo trabajando en un lugar así. Perdió un caso el cual se involucraba un caso de una persona que había asesinado a otra por no pagarle a tiempo un préstamo y termino saliendo en libertad ya que mi hermana no pudo mostrar con claridad que él era el responsable de ese asesinato y la familia del occiso le reclamo al jefe de mi hermana de que ella era muy joven e incompetente para trabajar en un caso que se requería de más experiencia. Desde entonces a mi hermana solo le tocaba casos de administración y demás. Desde ese día abandono su trabajo y nunca volvió a encontrar trabajo en ningún lado. Se obsesiono en querer ganar un caso y poco a poco se ha ido levantando de eso.
   — Que difícil debió haber sido para tu hermana superar todo eso.
   — Y tu Daiki. También quisiste huir de algo cuando vivías en Japón. — Ana pregunta mirándome y después voltea a ver la ventana. Es una chica extraña. Quizás por eso tenga muy pocas amigas a pesar de ser alguien hermosa. Nunca ha sido muy popular entre los hombres.
  — Yo… solo quise conocer otros lugares. Por eso me quedé aquí por su gente y porque no quise ver a mi… — veo que ya casi llegamos a la facultad, así que me levanto y camino hacia atrás del autobús. Junto con Ana bajamos y caminamos unos cuantos metros para después ingresar a la facultad. Después pienso y creo que el motivo de huir de casa era por no querer ver a mi padre ebrio todas las noches llorando por Akiha. Recuerdo… recuerdo las palabras del abuelo “Daiki no permitas manchar tu inocencia con tragos amargos, el destino puede ser cruel en algunas ocasiones, pero nunca olvides tomarlo con sabiduría y prudencia” me pregunto si aún no he podido superar ese trauma de mi niñez “sabiduría y prudencia” lo pienso y me pierdo en esas palabras. Mama no estoy muy seguro si regresar a Kioto. De momento este verano lo pasare aquí. Quizás cuando termine la carrera regrese a Japón.

Yendo por el edificio de la facultad de relaciones exteriores y subiendo por las escaleras que dan hacia los pasillos del primer piso empiezo a ver desde lejos a Diego, Oscar y a Marco que se sorprenden a verme junto con Ana.
   — Hola Daiki, hola Ana. — dice Marco un poco pensativo. Algo normal ya que nunca me habían visto salir con alguien más y por lo general siempre vengo acompañado de Eduardo.
   — Pensé que vendrías con Eduardo. — dice óscar.
   — No, ayer le mande un email. Explicándole que iría a la casa de Ana en la mañana.
   — Es tu novia. — dice diego, mientras todos se quedan viendo a Ana como me toma del brazo.
   — ¡No! Nada de eso, solo que… — ahora que lo pienso Ana tenía algo importante que decirme, pero nunca hablamos de nada. Solo discutimos sobre los helados en la mañana y tuvimos una breve platica sobre nosotros. Aunque ella fue la quien más hablo.
   — ¿Que sucede Daiki? No te quedes con la boca abierta. — dice Ana y rápido reacciono.
   — Este… creo que están interpretando todo mal. De vez en cuando es bueno cambiar la rutina. No creen chicos.
   — Claro la rutina. — dice Marco riendo un poco mientras ve a los demás.
   — Si la rutina. — dice diego intentando malinterpretar todo de nuevo.
   — Vamos Daiki. Aun no llegan todos. — Ana toma con su otra mano mi brazo que al principio estaba abrazando y con un poco de fuerzas me lleva adentro del salón.
   — Ana espera, vamos espera… — trato de que Ana entre en razón.

Ya adentro del salón el maestro entra y se ve frustrado los planes de Ana.
   — Llegamos tarde. Por tu culpa. — dice Ana algo enojada. — más al rato hablamos.
   — Buenas tardes jóvenes saquen sus apuntes, vamos a repasar el último tema que vimos la semana pasada antes de que finalice el semestre, recuerden que este va abarcar casi el 75% del examen y no los quiero ver en una segunda vuelta. Y es en serio jóvenes si no pasan el examen ahora mucho menos en la segunda vuelta. — dice el profesor.
   — Disculpe profesor. — dice diego levantando su mano. — en la segunda vuelta afecta la calificación.
   — Ya les había dicho que no me gustaría que estén en una segunda vuelta y claro que sí. Aunque logren sacar una calificación de diez solo les pondré un mínimo de siete en la calificación final. Y cada vez se hará más difícil esto. El próximo semestre que inicia en agosto las materias y tareas serán aún más estresantes. Por eso muy pocos se gradúan por la presión que se ejerce y la exigencia de competitividad en este instituto. Por eso no se deben de confiar. Así que no perdamos más tiempo.

Las clases comenzaron y conforme pasaba el tiempo me di cuenta que Ana en un momento me estaba viendo, cuando se percató decidió mirar por otro lado como tratando de disimular que me había visto, cosa que fue inútil ya que sabía que me había visto con todas las intenciones del mundo. Mientras el profesor repasaba algunos apuntes y los demás ponían atención decidí voltear a verla ella de reojo se dio cuenta y con toda la intención decidí lanzarle una sonrisa lo cual para ella fue inevitable y empezó a reír un poco apenada.
Por fin termino las clases y era hora de que iniciara las prácticas de campo. La profesora entro al salón vio a todos y repaso aquella lista que tenía para asegurarse que todos estábamos listos de salir del salón a realizar la práctica.
   — Bien chicos, todos salgamos, vamos que solo tenemos una hora y hay que aprovecharlos, no quero que suceda lo que ocurrió la última vez. — decía la maestra recordando un mes de febrero cuando teníamos que realizar una práctica. Pero como nadie se ponía de acuerdo en realizar el proyecto en equipo pasaron los minutos y cuando se lograron armar los equipos solo pudimos salir veinte minutos y después tuvimos que entrar fue más caótico acomodar los grupos que salir y realizarlas.

Mientras salíamos Ana espero un poco en una de las butacas que estaba casi cerca de la puerta. Como era de esperar todos ya sabían a quien estaba esperando. Incluso antes de darme cuenta Eduardo de había despegado de mí y en un instante los demás salieron, otros pausaban su recorrido y volteaban a verme a mí y a Ana, incluso, Marco hacia bochornosos movimientos tratando de describir la situación en la que me encontraba. Mientras Diego levantaba su mano y doblaba los dedos y con un pulgar arriba invitaba al resto de mis compañeros interpretaran un poco más la situación. Por un momento se me hizo eterno llegar hacia donde estaba ella.
   — Ya pensaste con quien harás equipo Daiki. — decía Ana mientras empezaba a caminar agachando la cabeza.
   — No aun no, pensaba estar con Eduardo, pero creo que el ya encontró a alguien más. —  era la primera vez que no hacia equipo con Eduardo. Por un momento me sentí extraño que él no iba a estar dándome ideas algo exageradas.
   — Yo tampoco. — decía Ana mientras pensaba “pero… si ni siquiera le pregunte con quien iba hacer equipo” esto era un verdadero reflejo de que las mujeres podían ser extrañas.
   — Vamos jóvenes, tendrán más tiempo de hablar cuando estemos haciendo la práctica. — decía la profesora mientras nos apresuraba que aceleráramos más el paso.

Ya una vez estando en el jardín de la facultad. La profesora rápido conto que todos estábamos juntos ya que en algunas ocasiones cuando se realizaban este tipo de actividades algunos decidían desviarse del grupo y ya nunca sabíamos más de ellos hasta el otro día.
   — Excelente, creo que todos están completos. La actividad que haremos al aire libre será sobre el tema que casi siempre van a tratar y es sobre como relacionarse con un país el cual ha tenido algún conflicto con el nuestro. En este caso elegí lo que ocurrió algunos años, cuando un barco tipo militar zarpo de Grecia y llego a las costas del puerto de Veracruz. Aquí tengo un informe para que lo analicen. — la maestra empezó a repartir algunas hojas a cada alumno. Eran fotocopias de algunos artículos relacionados con lo que había ocurrido en 1990.

Un barco helénico acorazado estilo zafiro modelo I-345 se estrelló en la mañana del sábado 18 de agosto. Los testigos señalan que el barco parecía estar abandonado ya que no vieron personas pidiendo ayuda, además de presentar algunos daños que a simple vista parecían que había sido causado por varios proyectiles, pero sin motivo aparente muchos afirman que del cielo cayo una especie de misil. Otros que de la nada una bola de fuego cuyo diámetro alcanzo según algunos informes de algunos investigadores que hablaron con los testigos debió haber tenido más de 1,229,290,520 de diámetro, otros afirman a ver visto pequeños puntos volando cerca del barco antes de que estallara. Los más cercanos al lugar recuerdan a ver visto personas volando cerca del barco. Incluso muchos creían que era el fin del mundo antes de que llegara el nuevo milenio.
Algunos escépticos afirmaron que era un fenómeno solar que proyectaba el reflejo del océano. Incluso algunos llegaron a pesar de que se trataban de extraterrestres. A pesar de que Estados Unidos y la unión europea invirtieran más de dos meses de investigación nunca lograron concluir que fue lo que causo el incendio ya que los restos del navío no parecía que hubiera sufrido un incendio en los tanques de combustión del barco o los motivos de cómo se originó aquella explosión que acabo con la vida de más de cien personas. Además de que nunca encontraron cuerpos humanos dentro de los restos que quedaron del barco. Forzando aún más a la especulación. El gobierno helénico nunca pudo justificar que uno de sus barcos que tienen la función de recibir pequeñas aeronaves y estar en primera fila en los combates llegara tan lejos sin ningún tripulante dentro de ella.

Recuerdo que esto lo había visto incluso la noticia llego a Japón fue en ese entonces un rollo ya que algunos creían que era un caso sobre objetos no identificados y en la primaria varios creían que era un caso paranormal o se trataba de alienígenas que venían del planeta Marte. Incluso un experto en México que no recuerdo bien el nombre decía que era el inicio de varias revelaciones que deparaba el comienzo del nuevo milenio. Otro dato curioso era que ese mismo año en julio había ocurrido un gran eclipse y algunas partes se logró a preciar, pero sin dudas México fue uno de los mejores epicentros ya que se logró ver casi totalmente el eclipse total de aquel año.
   — Bien jóvenes con esto haremos a la siguiente actividad. — decía la profesora a todo el alumnado. — ¿Cómo harían ustedes si les tocara hablar con la embajada de Grecia? Supongamos que son los secretarios de relaciones exteriores y deben de mandarle una carta a la embajada para que explique la situación y los métodos de cómo solucionarlo. Recuerden abrir el dialogo con su homólogo y expresar claramente sus intenciones. También recuerden que no siempre hay que recurrir al diccionario para buscar palabras que no sean comunes. A veces solo con expresar una idea clara y precisa es más que suficiente. O terminaran como un político que cuando da su discurso se traba en algunas palabras y esto se debe a que él no lo escribió, sino su secretario. Cuando uno se traba con alguna palabra se debe a que lo desconoce por completo y sucede lo mismo con su significado. Por eso es preciso encontrar las palabras adecuadas en alguna conversación y no aparentar de que son unos genios del lenguaje. De acuerdo chicos.

Todos debatíamos sobre como aclararle ficticiamente una situación así de difícil a un país el cual solo sabíamos que era la cuna del pensamiento y de las artes del combate. El tiempo paso en un abrir y cerrar de ojos. La práctica finalizo y a dos semanas más estaba a punto de iniciar las vacaciones de verano.
Antes de salir del edificio vi a Ana corriendo hacia mi dirección.
   — La tercera es la vencida. — decía Ana mientras usaba sus dos manos para refrescarse.
   — Es cierto. Ya se me había olvidado que necesitabas hablar conmigo. — mientras observaba a los demás estudiantes se me había ocurrido algo. — porque no vamos a un lugar donde haya sombra para no estar aquí, expuestos al sol.

Mientras caminábamos en busca de un buen árbol que nos brindara su refrescante sombra Ana comenzó hablar.
   — Sabes Daiki, no sé cómo decírtelo, pero… me gustas un poco.
   — mmm… este. No sé qué decir. — realmente Ana me había tomado por sorpresa a pesar de que ya había varios factores que revelaban aquellos sentimientos los cuales empezaban a salir a flote.
   — Tu… no pienso lo mismo verdad. — decía Ana mientras llegábamos a un árbol que estaba a un lado del edificio de ciencias políticas.

Ana como describirla. Era una chica hermosa, con una mirada profunda y de ojos grandes de color café claros, su piel morena que resaltaba su blusa color purpura y su pantalón de mezclilla que hacía que resaltara su joven figura. Era inteligente, aunque un poco extraña y observadora, aunque en ocasiones era algo despistada.
   — Sinceramente me tomo de sorpresa esto. Lo siento, pero… también siento algo por ti.
   — Sabes, oírlo me hace feliz. — decía Ana mientras reía algo apenada viendo por algunos lados, como si quisiera tratar de ocultarlo. Después me vio y enseguida mis labios se pegaron a los suyos. Fue un momento único. Por un momento pensé que en este mundo solo estábamos ella y yo. Como si los demás se hubieran esfumado.

Agarrados de las manos la acompañé a su casa y de ahí sin besarnos más, me despedí de ella, aunque ella extrañada se despidió levantando su palma como muestra de despidida. Creo que hice mal debí abrazarla y volverla a besar. Aun así, me sentí extraño. Todo fue tan repentino. Llegando a mi casa Roberto estaba jugando un nuevo visual novel. Antes de subir a mi cuarto a meditar un poca más en privado sobre la situación Roberto se dio cuenta de mi llegada y dijo.
   — Daiki en la mesa mi mamá te dejo una carta que llego. Por lo que vi llego de Japón.
   — ¿de Japón? — pregunte algo sorprendido.
   — A si es amigo. No sé lo que dice. Esta todo en japonés menos la dirección de aquí.

Me acerque a la mesa y tome la carta. Era una carta que venia del distrito de Kioto y el remitente era la dirección de mi familia. Mientras leía la carta sentí un mareo y en un instante caí como si me hubiera faltado energías para poderme sostener.
   — Daiki que sucede te encuentras bien amigo. — decía Eduardo que como rayo se levantó del sillón dejando el control tirado en el suelo.
   — No puede ser, no puede ser, pero…. ¿Cómo? — las lágrimas empezaron a brotar de mis ojos.
   — ¡Hermano dime algo! ¡qué sucede, di algo maldita sea! — decía Eduardo perplejo al verme romper en llanto.
   — Eduardo. — abrace en llanto a Eduardo el cual más que mi mejor amigo era como mi hermano. — mi mamá y mi abuelo murieron.    

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