Unmei no kaze [El viento del destino] - Episodio 1 – El comienzo de un día


運命の風
Unmei no kaze
[El viento del destino]

Episodio 1 – El comienzo de un día.


Mi familia celebraba la navidad como era costumbre para una familia cristiana. La casa siempre lucia llena en aquellas fechas. Toda la familia se reunía cada año para celebrar la navidad. Para mí era extraordinario esas fechas ya que mi abuela y el abuelo eran buenas personas y cada año nos traía siempre regalos a mí y a mis dos hermanas Mizaki de cinco años era mi hermana menor y Akiha era aún menor que Mizaki y yo. Aquella noche de 1988 fue distinto a las demás. Akiha y Mizaki salieron a jugar y sin dudarlo igual salí hacia el jardín para jugar junto con ellas.
— ¡Mizaki,Akiha! No corran en la nieve se pueden lastimar. — les decía mientras las veía correr en la nieve. El jardín que en primavera era adornado con hermosas flores, ahora estaba todo cubierto de una blanca capa de nieve, incluso los arboles de sakura habían sucumbido a aquel invierno.
— ¡Hermano! ¿Qué es eso? — decía Mizaki apuntando hacia uno de los arbustos.
Mire con detenimiento, pero no lo podía creer. Entre los arbustos había una especie de animal. Al principio sentí miedo, así que decidí mirar a mis dos hermanas.
— ¡Mizaki no te acerques! Vamos hay que entrar a la casa, pero rápido.
Mizaki dio unos pequeños pasos y empezó a dirigirse conmigo en cambio Akiha seguía jugando, ignorando aquel animal que parecía a un perro.
— Vamos Mizaki entra a la casa iré por Akiha. — le decía a Mizaki, mientras iba hacia donde estaba Akiha. Sin darme cuenta aquella criatura había desaparecido. Aun así, corrí donde estaba mi hermana. Cuando la tomé de la mano me di media vuelta y en seguida sentí como si algo había chocado con nosotros. Caí al suelo un poco aturdido por el golpe me levanté un poco, después miré a Mizaki quien gritaba con desasosiego al mirar el suelo vi que la nieve blanca estaba manchada de sangre después volteé y miré a Akiha y ahí estaba tirada en el suelo mutilada, quedando la mitad de su cuerpo bañada por su propia sangre y cerca de ella se encontraba aquella bestia el cual me miro directamente a los ojos. Tenía una mirada sedienta de más sangre. Totalmente me quede paralizado no podía respirar, el miedo que me consumía me impedía correr, gritar o incluso hasta llorar. Pronto salieron mis padres y mi abuelo con su enorme y bien afilada espada samurái, en ese momento quede inconsciente.
***
La alarma suena despertando poco a poco mi cuerpo, aún estoy algo cansado la escuela y el trabajo son una mescla difícil de digerir. Aun así, me levanto aun soñoliento. Me dirijo a la bañera, el agua caliente calma mi cuerpo y me tranquiliza. Aun no olvido aquella noche, lo único que recuerdo es cuando desperté en un hospital, mi mamá estaba a mi lado, cuando vio que había cobrado la conciencia lloro en mi pecho y pese a eso le pregunte lo que paso, si estaba bien Mizaki y si lo que había pasado era cierto sobre Akiha, aunque no obtuve respuesta de ella ni mucho menos de mi padre. Desde ese día mi padre se puso a tomar y nunca fue el mismo y aunque mi abuelo trataba de animarlo el cada vez empeoraba más. Solo se dedicaba a la meditación y en tomar en soledad. Cuando cumplí los dieciocho años decidí estudiar la universidad lejos de casa, lejos de donde nací, aún más lejos. Mi madre y mi padre nunca estuvieron de acuerdo a que fuera a vivir a la capital de México. Conocí a este país ya que tenía un amigo el cual compraba figuras y mangas en una tienda online en donde trabajaba por medio tiempo cuando asistía la secundaria y viendo el respeto que los mexicanos tenia hacia mi cultura decidí vivir junto con él. Así fue como mi abuelo me ayudo con algo de dinero, además de comprar mi boleto y dándome el derecho a estudiar a otro país conseguí dominar el español y realizando los trámites de mi antigua escuela logré ingresar a la universidad autónoma de México estudiando relaciones internacionales. Ya llevo tres años viviendo en este país el cual me ha alejado de aquella amarga y triste parte de mi vida.
Me prepara para ir a la escuela hoy toca examen y últimamente me he preparado ya que un año más me graduó y esta próxima las vacaciones de verano. Mientras salgo de la bañera y me cambio, bajo hacia la cocina y preparo mi desayuno y almuerzo mientras prendo la televisión y escucho las noticas.

A unos meses para que se cumpla ya casi diez años desde que un barco que zarpo de Grecia se estrellara en las costas en el puerto de Veracruz y causara una gran explosión el cual dejo a más de cien personas muertas. Se desconoce todavía los motivos de esa explosión y más aún cuando el gobierno helénico también desconoce cómo fue a dar uno de sus barcos a nuestro país…  

Apago el televisor y meto todo en la mochila, aun así, reviso que todo esté en orden y me dispongo a salir de la casa. Verifico que la puerta este cerrada y parto hacia la universidad. Tomo el metro en la estación Etiopia y me dirijo a C.U. y de ahí tomo el autobús que me deje cerca de la universidad. Me bajo y me dispongo a entrar a la facultad de relaciones internacionales. Entro al aula y mis amigos me sonríen.
— Buenos días Daiki. — me saluda Eduardo.
— Buenos días Eduardo, como has estado. — le respondo como normalmente lo hago.
— Bien. — Eduardo me da una simple respuesta.
El profesor entra al salón y empieza a repartir las hojas de los exámenes a cada fila, mientras los de enfrente los distribuyen hacia el fondo. El examen dura una hora y al finalizarlo cada alumno que esta hasta el fondo lo pasa al quien tiene enfrente y así sucesivamente hasta que llega a los de enfrente. Las clases se diluyen mientras el reloj que está pegado arriba del pizarrón sigue su curso.
Termina las clases y me dispongo a almorzar en la cafetería. Termino de comer y me dirijo hacia mi salón a tomar la última clase, después de ahí iré a tomar un pequeño descanso y al finalizar iré al trabajo.
— ¡Daiki! Espera. — me volteo para ver de quien se trata y es Ana una de mis compañeras el cual junto con otra chica que no conozco camina hacia a mí.
— ¿Que sucede Ana? ¿Pasa algo malo? — pregunto con cierto desasosiego.
— No como crees, solo era para decirte que no fueras al salón, mi amiga Jennifer que va al salón de al lado me dijo no vino el profe.
Volteo a ver a su amiga y le pregunto.
— Eso es cierto.
— Sí, creo que tuvo problemas al venir. Así que nos dio clases esta mañana.
— Bien pues creo que me iré a casa a descansar un poco. — fue una buena noticia al saber eso. Así que tendría una hora de más.
— ¿Qué piensas hacer? — pregunta Ana.
— Este… pues iré a mi casa, pero quizás primero valla a Bellas Artes a comprar algunas cosas y de ahí al trabajo.
— Bueno. Te lo decía por si quieres ir con los otros chicos del salón a beber un rato. — decía Ana.
— No creo, aun así, gracias. — mientras observo a Ana y a su amiga Jennifer dirigirse junto con mis otros compañeros. Me despido de ellos y me dirijo a tomar de nuevo el metro. Llegando a Bellas Artes y comprando algunas cosas en la friki plaza me dispongo a entras a mi trabajo de medio tiempo que es de 3:00 a 6:30 el cual consiste atender una tienda que da servicio las 24 horas. Me dispongo a trabajar mientras reviso los refrigeradores y asegurándome que este bien surtido de varios refrescos, veo que uno de mis compañeros está leyendo un libro de hombres lobos y cosas de ese estilo. Aún recuerdo lo que le sucedió a Akiha porque mi familia nunca quiso decirme que fue lo que paso, que fue lo que sucedió después. Me molesto conmigo mismo. El tiempo no perdona y ya es algo tarde salgo de mi trabajo a las 7:00 puntualmente sabiendo que use una media hora extra en el trabajo, aun así, eso no me interesa. Regreso a casa y decido repasar algunos apuntes, pero después termino agotado y duermo. Con la conciencia de que mi padre murió al año que cumplí aquí en México.             

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