La Invocación (VII)

MIERCOLES
VII
Era miércoles. Su quinta clase de guitarra, aunque con los ensayos que hacía en casa, avanzaba bastante, como si llevara más tiempo con ella. Estaba decidido, como le había dicho a Belén, a ir mucho más tiempo que los lunes, miércoles y viernes, pero todo dependía de los demás, del profesor y de los planes del mismo Francisco.

     Una vez más, encontró solo a Oscar. Lo veía con su guitarra y parecía que vivía ahí, como compañero del profesor, aunque no fuera así.
     -Hola. –Saludó Francisco, pero Óscar no lo escuchó-. Hola. –Volvió a saludar, pero obtuvo el mismo resultado.
     Se acercó a él y le tocó el hombro. Como si despertara de un sueño, Óscar lo miró y lo saludó.
     -Ah, hola. ¿A qué hora llegaste?
     -Hace un momento. Te hablé, pero parecía que estabas en babia.
     -Debe ser cansancio. Disculpa.
     -No. No hay problema. –Miró las hojas que tenía en el pequeño atril y preguntó-: ¿Es la nueva canción del profesor? ¿Seguiste ensayando?
     -No, no es, pero sí seguí con ella. Está un poco complicada, pero es un reto. No, estas que tengo aquí son las que compuse, ¿recuerdas?
     -Cierto.
     -¿Quieres escuchar un poco?
     -Por supuesto.
     Óscar se acomodó en su silla, regresó las hojas a la primera y comenzó con un punteo sencillo. La entrada a la pieza musical era suave, como si se tratara de una sinfonía. El punteo dio paso a una serie de acordes en octavas y después en una balada suave, pero potente. Óscar se detuvo.
     -Hasta ahí llevo aprendida. Lo que sigue está difícil y me cuesta trabajo aun tocarla.
     -Me imaginó que también fue difícil escribirla.
     Su compañero se quedó en silencio durante varios segundos y después habló con más seriedad de lo que jamás había visto en él. Su rostro cambió radicalmente, de una mueca de alegría por tocar la pieza música, a una de seriedad implacable.
     -¿Quieres saber la verdad? Yo no la escribí.
     -¿Cómo dices?
     -Es de alguien más. En realidad, no sé de quien sea, sólo sé que me la dieron para aprendérmela.
     -¿Quién? ¿De qué hablas?
     En ese momento, la puerta se abrió y entraron los demás alumnos de la clase. Se saludaron y comenzaron a hablar sobre la dificultad de la canción del profesor.
     -Te veo al final de la clase. –Le dijo Óscar a Francisco con voz baja que apenas pudo escuchar. El primero asintió con la cabeza en complicidad.
-Hoy vamos a comenzar ensayando la pieza que les di. ¿Si la han ensayado?
     -Sí. –Respondieron todos en coro.
     -Perfecto. Entonces comencemos desde el inicio.
     El profesor dio la pauta con la batería y comenzaron.
     La «Sonata para el viento» era una pieza semejante al «Adagio en Sol Menor» de Remo Giazotto, sólo que reducida. También se diferenciaba en la duración. La primera sólo duraba 3 minutos, pero tenía una complejidad un tanto difícil, y más para alumnos principiantes. El estilo podría llegar a ser un poco más barroco por la instrucción de la mandolina, pero se escuchaba bien. El equilibro de los instrumentos no era mala.
     -Muy bien, tomemos un descanso de 10 minutos. Ya saben que pueden salir, pero no se alejen mucho.
     El grupo de músicos salió de la casa que se había convertido en su tercer hogar, más para los que llevaban mucho tiempo. Se dirigían a una tienda para comprar unos cigarros y un refresco.
     -Pues yo creo que lo hemos hecho muy bien. –Dijo David.
     -Sí, también creo lo mismo. Bastante bien para llevar sólo tres días con ella. Bueno, dos y medio. Pero sí. Creo que para el viernes haremos un papel decente en donde sea que lo toquemos. –Esa fue Karen.
     -Eso es cierto, aún no nos ha dicho a donde iremos o qué haremos con ella.
     -Seguro es una sorpresa. Como aquella vez que nos llevó a una escuela para tocar en un festival del día de las madres. –Recordó Mariana.
     -¿De verdad los llevó a hacer eso? –Preguntó Francisco.
     -Sí. Éramos cinco también. Óscar, yo, y otros tres compañeros que ya no están. Fue una sorpresa grande y estábamos nerviosos por tocar frente a tanta gente, pero fue divertido, ¿verdad, Óscar?
     El aludido se encontraba atrás del grupito y volvió a despertar como de un letargo. Miró a Francisco y éste último sintió una extraña vibración en su cabeza.
     -Sí, así es. –Contestó reaccionando.
     -¿Qué tienes? Se te nota cansado. –Preguntó Karen.
     -Pues sí, es lo que le he dicho a Francisco, que no he dormido bien.
     -Sí, se nota.
     -Deberías de dormir bien. Al menos estos días. El viernes es lo-que-sea-que-habrá y te queremos despierto. –Dijo David.
     -Haré lo posible.
     Llegaron a la tienda. Mariana, Karen y David entraron a ella y compraron algunas cosas. Oscar y Francisco se quedaron afuera.
     -No lo olvides. Al terminar la clase.
     -Claro.
     Los demás salieron y todos volvieron al ensayo. La pieza musical avanzaba en calidad y en armonía. A pesar de que el calor era impresionante afuera, por momentos, una brisa fresca les acariciaba el rostro mientras tocaban. Si lograran ver cómo se quedaban, absortos, como si ellos fueran a quienes los instrumentos tocaban, se pondrían a gritar. Pero ninguno de ellos se daba cuenta, pues al terminar la canción sólo recordaban su interpretación.
     Mientras algunos guardaban sus instrumentos en los estuches, Mariana le preguntó al profesor:
     -Y, ¿a dónde iremos a tocar esta canción, profesor?
     -Es una sorpresa. No piensen en ello, sólo ensayen. Ya lo tienen, así que sólo practiquen para perfeccionar.
     -Sí.
     -Nos vemos el viernes a la misma hora. Aquí. No olviden sus instrumentos y algo de comida. Ahh, ¡ensayen!
     Los alumnos se comenzaron a reír y salieron.
     Se despidieron en la puerta, a excepción de Óscar y Francisco, quienes se dirigieron a la dirección contraria de los otros.
     -Ven, acompáñame. Vamos a mi casa a hablar. No creo que sea un tema como para platicarlo aquí en la calle.
     -¿Tanto así?
     Óscar sólo asintió con su cabeza y comenzó a caminar. Francisco lo siguió con pasos cautelosos. No sabía qué iba a encontrar, y si le hubieran dicho sobre lo que se enteraría, no lo habría creído.

Cada domingo un capítulo nuevo.

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