La Invocación (IX)

JUEVES
IX
Casi nunca salía de su casa los jueves porque prefería ahorrar para el día siguiente, así que fue una sorpresa, hasta para él mismo, acercarse al centro comercial y entrar a la taquilla del cine para comprar un boleto y ver Avengers: Infinity War. Ya la había visto dos veces, pero decían que la tercera era la vencida. Lógicamente, para David no sería la última.

     Para su sorpresa, vio al profesor entrando a la misma sala que él, aunque no se dio cuenta de la presencia de David. Éste se sentó casi hasta arriba para poder ver lo que hacía su maestro de música. Vio que se sentó a un lado de otro hombre que comenzó a hablarle. Trataba de disimularlo, pero era evidente que lo hacía. No había mucha gente así que no pasaba nada. No lograba escuchar lo que decían, así que decidió levantarse y sentarse más cerca. Lo hizo con cuidado para no hacer ruido.
     -Por supuesto –decía el profesor-, mañana será el día. Todo está listo, pero lo que no entiendo es el cambio de hora.
     David logró escuchar lo que decían y se sentó sin moverse mucho.
     -Yo no hago los cambios, sólo los anuncio, así que no me preguntes acerca de los designios del dios Evoct. Lo único que sé es que la hora exacta será a las 4 pm y que todos deben estar sincronizados. ¿Entendido?
     -Sí. –Contestó mirando el reloj del hombre extraño y revisando el suyo.
     -Perfecto. Pues me retiro. Alabado sea Evoct.
     -Alabado sea Evoct.
     El hombre misterioso se levantó y salió por la puerta de emergencia. David logró ver que, al otro lado de la puerta, había otros hombres vestidos igual. Volvió su mirada al profesor y lo vio revisando su reloj. Lo que sea que pasará mañana lo tiene muy aturdido, pensó mientras se reclinaba en su asiento.
     La película comenzó y la gente que había encontrado su asiento estaba emocionada. David no dejaba de observar al profesor, algo lo inquietaba de su encuentro con el otro hombre. Decidió acercarse y vio que, en su regazo, tenía unas hojas, unas partituras. Entornó los ojos y logró ver el título, era la «Sonata para el viento», la canción que les dijo que se aprendieran.
     ¿Por qué la tiene? Entendería que la estudiara en casa, pero, ¿para qué traerla al cine?, pensó mientras se acercaba una vez más. Las hojas tenían anotaciones en color rojo. Tenían la palabra «Evoct» varias veces. Estaba la hora que había escuchado. Estaban los nombres de sus compañeros y el suyo. ¿Por qué? ¿Por qué nos tiene apuntados?
     Ahora su curiosidad crecía más que el drama en la película. El profesor parecía inmóvil y las hojas estaban a punto de caerse. David decidió tocar su hombro para hacerlo despertar, y cuando lo hizo, el profesor volteó. Su cabeza fue lo único que se movió ya que su torso quedó inmóvil. Cuando su rostro quedó a la par del de David, éste pudo ver sus ojos, sin pupila, blancos en su totalidad. El joven se asustó demasiado que dejó salir un gritito de miedo. Se hizo para atrás, recargándose en su asiento todo lo que podía para alejarse de aquel hombre.
     -Todos morirán. Todos morirán. Todos morirán. –Croó el profesor con una voz pastosa, inhumana-. Todos morirán. Y tú serás el primero.
     Tras un momento de lucidez, David decidió levantarse y salir corriendo de la sala. Después de ese día, pensaría dos veces sus planes para salir.
     El hombre sentado volvió a su posición original y comenzó a ver la película.

Cada domingo un capítulo nuevo.

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