La Invocación (X)

X
-Espera, no te escucho bien, ¿qué dijiste? –Preguntaba Mariana a David por teléfono. Él le había llamado justo al llegar a su casa.

     -Que el profesor está metido en algo extraño. Hace rato o vi en el cine y estaba hablando con un sujeto raro. Además, tenía la canción que nos dio y en ella había anotado nuestros nombres y una hora de mañana. –Respiró y dio una pausa para que su amiga contestara.
     -Bueno, bueno, tranquilo. El hombre puede ser cualquiera, también tiene vida social, ¿no? Las hojas pues es fácil, él nos la dio, así que también debe de estudiarlas. Nuestros nombres, pues somos sus alumnos. Lo de mañana no sé, tal vez sea la sorpresa que nos tiene preparada para tocar la canción.
     -Sí, no discuto eso, pero creo que hay algo raro en ello. No me pareció que estuviera bien. Al final, me vio, pero estaba raro, no tenía pupilas. Fue aterrador.
     -Debes de haberte confundido con la oscuridad. Dijiste que estabas dentro de la sala, ¿no? Debió de haber sido eso.
     -No, te digo que no fue eso.
     -Pues entonces no puedes hacer nada. Las cosas pueden ser terroríficas como tú dices, pero sin pruebas, todo es normal. Tiene explicación.
     David tomaba el teléfono con todas sus fuerzas y sentía que lo rompería. Aflojó el objeto y respiró profundamente. Antes de contestar, volvió a recordar lo que presenció en el cine. Sintió un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo.
     -Gracias por escucharme, pero sigo dudando de todo. Creo que hablaré con Óscar. Él lleva más tiempo con el profesor.
     -Es buena idea. Yo no he visto nada sospechoso, así que inténtalo.
     -Sí, lo haré. Nos vemos mañana.
     David colgó después de que Mariana también se despidiera y le repitiera, por última vez, que todo era producto de su imaginación. Él no la escuchó. Decidió marcar al celular de Óscar. La primera vez entró directamente al buzón, pero en su segundo intento conectó a la primera.
     -¿Óscar? ¿Eres tú?
     -¿David? ¿Qué pasó? ¿Todo bien?
     -Sí, perfecto, pero tengo una duda.
     -Claro. Dime qué pasa.
     -¿No has notado en el profesor algunas actitudes extrañas desde que lo conoces?
     -¿A qué te refieres? –Preguntó Óscar sonriéndole a Francisco que estaba a su lado.
     -No sé, a cualquier cosa que no haga normalmente. Algo extraño. Que esté con un hombre vestido de negro o… no sé.
     -¿Por qué? ¿Qué pasa, David?
     -Es que hoy me lo encontré en el cine y estaba hablando con un hombre extraño. Además, llevaba la canción que nos dio y en ellas había apuntado nuestros nombres y una hora de mañana.
     Al otro lado de la conexión, Óscar le repitió el mensaje a Francisco y asintió.
     -¿A quién le dijiste?
     -A Francisco. Está aquí conmigo. De hecho, creo que es mejor que vengas también. Sabes dónde vivo, ¿verdad?
     -Sí. Sí sé.
     -Muy bien, te esperamos acá. Sería mejor que, en el camino, pasarás por las demás.
     -Y traigan algo de comer. –Gritó Francisco desde el otro lado del auricular, haciendo escuchar.

Cada domingo un capítulo nuevo.

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