La Invocación (XI)

XI
Después de haberle mostrado a los demás lo mismo de lo que se había enterado Francisco, Óscar se levantó y caminó por la habitación. Habían movido los pocos muebles para darle un toque de sala y no cuarto austero. Las cosas no marchaban bien y debían hacer algo pronto.

     -Quizá si no asistimos podemos detener eso que pasará. –Propuso Karen.
     -Sí, quizá, pero quien no nos asegura que lo que él hará no es importante para que llegue Evoct. Hay millones de personas en el mundo que lo invocarán, por uno no creo que se detenga. –Dijo Óscar casi molesto.
     -¿Entonces?
     -Aunque no queramos, tenemos que ir. ¿Verdad, Óscar? –Ese fue Francisco que, después de escuchar muchas cosas más, había entendido que la única opción de detenerlo era continuar.
     El aludido asintió con pocas ganas. Las cosas no parecían estar bien entre todos, y menos enterándose de algo tan importante y crucial como la invocación que planeaban, en todo el mundo, los seguidores de Evoct. Era tarde, y hablar de ello no hacía más que acrecentar la ansiedad.
     -Debemos asistir. Y hacer que Evoct aparezca.
     -¿Estás loco? Si es eso lo que tratamos de evitar. –Había gritado David.
     -Sí, lo sé, pero… no sé cómo explicarlo.
     -Diles de la otra canción. –Le animó Francisco, quien ahora estaba de su lado.
     -Claro, es cierto.
     Óscar se acercó al ordenador y, de un folder usado, sacó unas hojas que contenían una partitura. Cada vez que las veía Francisco le recordaban a la «Sonata para el viento», pero esa era diferente, esa podría salvarlos.
     -Esta canción me la envió otro contacto. Me dijo que, si hacemos lo mismo que tiene planeado el profesor y los demás, podríamos detenerlo, o algo así. El punto es que debe ser igualmente cronometrado con los demás, y aun no me contestan.
     Todos se miraron. Nadie imaginaba que podrían estar en una situación similar en la que se encontraban ahora. Nadie imaginaba que unas clases de música los llevarían hasta ahí. Nadie, absolutamente nadie, lograba comprender la magnitud de lo que se avecinaba.
     -Creo que tenemos que hacerlo nosotros, lo que podamos. –Dijo Mariana.
     -Bueno, eso es de ley. –Le respondió Óscar-. El problema no es que hagamos algo o no, es qué haremos.
     -Pues lo que ya habíamos planeado, y seguir con tu canción. –Le propuso Francisco mientras lo veía con complicidad.
     -Está bien. Vayamos a sacarle copia y a aprendérnosla bien para mañana. Nos vemos a las 10 am en el quiosco para ensayar. No olviden prepararse bien.
     Todos asintieron y lo acompañaron para obtener una copia de la canción. Las cosas no podían ser más extrañas para aquel grupo que, mientras caminaban se sentían seguros de que eso era todo lo que hacía falta para detener a Evoct. La ingenuidad de las personas siempre viene con infortunio.

Cada domingo un capítulo nuevo.

No hay comentarios.

Publicar un comentario