La Invocación (XII)

VIERNES
XII
Funcionó como lo hace un regulador de energía: detiene una gran cantidad de todo lo que debería pasar, pero aun así pasa. Así fue la canción que el grupo de alumnos trató de tocar para detener la llegada de Evoct.
     Se vieron desde la mañana como lo habían planeado, ensayaron unas horas y después se fueron juntos al lugar en donde, cada lunes, miércoles y viernes, asistían a las clases de música. Cada uno llevaba su instrumento en la espalda. Las guitarras, el teclado, la mandolina y la flauta dentro de una mochila. Parecían talismanes resguardados por sus cuidadores. Y al menos les darían el poder necesario para intentar lo que querían.
     Al llegar a la casa del profesor, él ya se encontraba sentado detrás de la batería, esperándolos.
     -¿Listos para asistir a un gran evento? ¿Si se aprendieron bien la canción?
     Los cinco chicos se voltearon a ver y dijeron que sí al mismo tiempo.
     -¿Dónde será? ¿A dónde iremos?
     -Bueno, como ya es tiempo de ir, les diré dónde será. Iremos al Conservatorio Thomas Walker. A las 3:30 comenzará una gala de música y a las 4 será nuestro turno. Los dejaremos con la boca abierta, ¿verdad?
     -Creo que será mejor que los dejemos con la boca cerrada. –Dijo Óscar.
     -¿Cómo dices?
     -Que sería mejor mantener la boca cerrada.
     Mientras lo decía, todos se fueron acercando y, de sus mochilas, sacaron sogas y cinta adhesiva. Lo ataron de brazos y piernas y lo dejaron en el piso, detrás de su instrumento.
     -Ahora, díganos, ¿cuándo pensaba decirnos todo lo de Evoct?
     El rostro del profesor mostró una mueca de enojo. No podía creer que hubieran descubierto su plan. Aunque no sucedía nada si él era el único que no se presentaba. La fuerza de los músicos de Evoct era fuerte.
     -No podrán hacer nada. Aunque no vaya Evoct aparecerá y no podrán detenerlo. Es hora del llamado a Evoct. ¡Alabado sea Evoct!
     Le taparon la boca con cinta y lo dejaron solo. Salieron de la casa y se dirigieron al Conservatorio Thomas Walker. Eran las 2:15 cuando corrían por las calles, y eran las 2:40 cuando llegaron.
     El lugar era como la mitad de un estadio de fútbol. Como lugar principal estaba el escenario, seguido de una porción de pasto en el que ahora había sillas plegables, y al final una serie de tribunas que crecían hacía arriba, todo ello al aire libre.
     Entraron enseñando sus instrumentos y preguntaron por la localización de los demás grupos. Al encontrarlos, les contaron todo lo que sabían, de una manera abreviada, y de la posible solución. Ellos no les creyeron, aunque unos pocos terminaron dudando de la historia.
     -¿De verdad creen que vamos a creer en esa historia? Están locos. ¡Apártense que es nuestro turno!
     Uno de los integrantes de aquella primera banda se despegó del resto y se unió a los alumnos del profesor Pepe.
     -Yo les creo. En realidad, creo que me temía algo así. Un compañero me metió en un grupo de Facebook que casi no reviso, pero un día subieron un archivo acerca de algo que llamaban «La llamada de Evoct». ¿Es a eso a lo que se refieren? ¿A lo que pasará hoy?
     -Exacto. Necesitamos a todos los que podamos reunir y tocar una canción a las 4 en punto. De ello depende nuestra existencia.
     -Les ayudaré a convencer a otros. Conozco a varios y sé que me escucharán y nos ayudarán a lo que ustedes necesiten.
     -Gracias.
     Se dividieron en dos grupos, uno se fue al lado derecho y otro al izquierdo. Cada uno se acercaba a las bandas que estaban ensayando por lo bajo y los interrumpían para contarles lo que sucedía en el exterior. Por supuesto, algunos gritaban y les pedían que se largaran, otros sólo terminaban dudando, sólo pocos fueron los que creían en su palabra y se unían a la banda contra Evoct. Comenzaron siendo sólo cinco y terminaron, a las 3:45, siendo cerca de 20 jóvenes. Algunos contaban algo parecido a lo que Óscar y el primer chico que se les unió les decían, así que no perdían más el tiempo y les pedían unirse.
     -No sé si sea suficiente con nosotros, pero al menos trataremos de hacerlo lo mejor posible. –Dijo Óscar, quien desde hace tiempo había tomado el mando. Miró su reloj y ya eran las 3:50 pm.

Cada domingo un capítulo nuevo.

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