La Invocación (XIV)

XIV
España – 23:22
Los jóvenes que se encontraban en el Real Conservatorio Superior De Música en Madrid comenzaron a tocar más fuerte de lo que creyeron que podían. Algo, dentro de ellos, les había insuflado energía. Los instrumentos parecía que rejuvenecían y sonaban como nuevos. El sonido también se potencializó y las bocinas cayeron al piso, pero el sonido no decayó, como si estuviera en el aire. El público, encantado, extasiado, permaneció sentado en sus asientos, disfrutando de una pieza musical que les recordó el Bolero de Ravel, comenzando despacio y aumentando con los instrumentos.
     Aunque no lo pudieran ver, los músicos sintieron que el ambiente, afuera, se había puesto tenebroso. Sabían que Evoct había atravesado el portal y que sólo quedaba tocar para que, en donde estuviera, lograra ser derrotado por el grupo de jóvenes. Era mucha responsabilidad, pero era lo menos que podían hacer.
China – 5:31
En China, los chicos responsables de la facción anti-Evoct se encontraba en el Estadio Tianhe. Ahí, cerca de 30 chicos, se habían dado cita desde el día anterior, se habían quedado a dormir como si fuera un festival de música, y a primera hora instalaron los instrumentos.
     Ahora se encontraban en pleno éxtasis. La hora en la que se suponía debía aparecer Evoct ya había pasado, así que su país no había sido el lugar de llegada. No por ello dejaron de tocar, al contrario, mantuvieron sus instrumentos en activo para proveer un apoyo a la distancia. A fin de cuentas, el sonido llegaba a la Ciudad de México.
Argentina – 18:37
Tenían los dedos cansados, algunos ya dejaban ver gotas de sangre en las manos y en los instrumentos que estaban tocando. Los que tenían una flauta, trombón, o un oboe se habían quedado sin aliento, pero no por ello declinaban. Ninguno estaba dispuesto a ceder terreno. También sabían que Evoct no había llegado a Buenos Aires, pero desde el Teatro Colón les enviaban la música que necesitaban al grupo de jóvenes que combatían con él.
Ciudad De México – 16:42
Francisco estaba rindiéndose. Las fuerzas con las que había comenzado el espectáculo se habían ido de su cuerpo. La alegría que sentía se había esfumado. La sensibilidad en sus manos se había ido a dar un paseo. La guitarra, que originalmente había sido café, ahora estaba llena de rojo. Hasta el olor de la sangre llegaba a su nariz.
     -¡Por favor, no desistan! –Ese era Óscar que, aunque trataba de dar ánimos, también comenzaba a agotarse-. Por favor, sólo otro poco. –Había dicho más para sí mismo.
     Cada uno de los chicos que se encontraban estaba a punto de rendirse y soltar sus instrumentos, pero una onda, casi invisible, llegó hacia donde estaban. Parecía parte de una tormenta, pero era el sonido que se aproximaba desde varios puntos del planeta.
     No todos lo vieron al llegar, sólo lograron observar lo que provocó: Evoct estaba a punto de golpear el escenario una vez más, pero el sondo llegó a golpearlo por un costado. El monstruo se balanceó y estuvo a punto de caer, sólo que, del otro lado, llegó otra onda de sonido a golpearlo. Los músicos del escenario lo vieron y volvieron a obtener energías de alguna reserva escondida en su cuerpo.
     No tardó mucho para que, en frente de ellos, impactara el sonido que llegaba de los cuatro puntos cardinales en un mismo lugar. Debido a ello, el espacio se rompió y se escuchó como un relámpago. En aquel lugar comenzó a abrirse, a rasgarse como si se tratara de una hoja, sólo que lo que se veía era negro, era el espacio. Desde en frente, atrás de Evoct, una ráfaga de sonido impresionante llegó golpeándolo por la espalda y arrojándolo al vació. Sólo unos segundos después, todos los músicos dejaron de tocar, soltaron sus instrumentos y cayeron sobre sus rodillas, exhaustos. Algunos terminaron completamente en el piso, otros cayeron hacia atrás. Sólo pocos quedaron de pie, entre ellos Francisco y Óscar, quienes se vieron y esbozaron una sonrisa. No tenían ni fuerza para reírse de alegría, pero una lágrima la sustituyó.
     Evoct había desaparecido, el portal se había cerrado y el conservatorio por fin se encontraba vacío. Destrozado, pero vacío.

Cada domingo un capítulo nuevo.
Próximo capítulo - Final.

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